Page 48 - Forum / No. 57 / Febrero 2020
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LA IMPORTANCIA DE LA AUTONOMÍA










                                                             Las imprescindibles



                                                                           libertades






                                                                            Luis de la Barreda Solórzano*




                                                                La causa de los derechos humanos es la causa
                                                                de las libertades, sin el ejercicio de las cuales
                                                                el individuo no puede seguir el trayecto de
                                                                vida de su elección. La libertad, como hoy la
                                                                entendemos,  es  un  concepto  que  se  forta-
                                                                lece durante la Ilustración. Libertad de con-
                                                                ciencia para empezar, lo que implica libertad
                                                                de pensamiento y de creencias, y libertad de
                                                                conducta con el solo límite de respetar los
                                                                derechos de los demás.


                                                                      os derechos humanos no necesariamente nos
                                                                      hacen más felices —la felicidad es una con-
                                                                Lquista personal que depende de un sinnúmero
                                                                de factores—, pero sin duda nos hacen más huma-
                                                                nos. Los gobiernos deben protegerlos y promover-
                                                                los, pero los gobernantes no pueden hacer feliz a na-
                                                                die: basta con que a ninguno le cierren las puertas a
                                                                través de las cuales pueda buscar la felicidad.
                                                                   Los derechos humanos enarbolan axiomáti-
                                                                camente la dignidad de cada persona, por el solo
                                                                hecho de serlo, y esa dignidad es impensable si no
                                                                podemos decidir qué hacer con nuestra existencia.
                                                                   El Estado está obligado a no interferir en el ejer-
                                                                cicio de las libertades, y a garantizarlas, tanto las
                                                                públicas —derecho a manifestar las ideas, a protes-
                                                                tar contra las autoridades, a informarse, a reunirse,
                                                                a asociarse, a participar de los asuntos colectivos,
                                                                etcétera— como las privadas —las concernientes,
                                                                entre otras, a la intimidad, las aficiones, las compa-
   Fotos: Anayansin Inzunza.                                    ñías, las amistades, el ocio, el erotismo–.




                                   Forum. Noticias del FCCyT, A.C. | Núm. 57 Febrero 2020
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