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Núm. 26 Julio 2017

  Editorial

Varias personas me han dicho que la falta de patentes y baja compe-
           titividad de la economía del país tiene entre sus causas al Sistema
           Nacional de Investigadores (SNI). Es cierto que este instrumento
—que cumple 33 años en julio— debe ser mejorado, pero desde ningún
punto de vista puede atribuírsele la responsabilidad de la falta de patentes
y la condición que guarda la economía nacional. Primero porque su crea-
ción tuvo como principal objetivo preservar a la comunidad científica de
México ante la baja en sus salarios, para evitar lo que coloquialmente se ha
llamado “fuga de cerebros”.

    Una de las características de la economía de nuestro país es que el de-
sarrollo de la industria se ha dado con una muy baja inversión en Ciencia,
Tecnología e Innovación (CTI); como se ha documentado ampliamente,
mientras que el sector privado de varias naciones invierte más del 70 por
ciento del total del gasto en investigación y desarrollo experimental, en
México esta contribución es menor al 30 por ciento.

    Históricamente, la economía y la investigación en México se han desa-
rrollado por caminos separados; la ciencia se ha concentrado en las institu-
ciones públicas de educación superior, al margen de actividades producti-
vas y la economía ha ignorado el valor del conocimiento. Desde luego esta
es una situación indeseable, pero ha sido parte de nuestro desarrollo.

    La baja inversión privada en CTI se refleja en un número muy pequeño
de investigadores. Es verdad que en estos últimos cuatro años el SNI ha
crecido casi 50 por ciento, pero el número de especialistas en las diferentes
áreas del conocimiento es todavía bajo; entre 5 y 10 veces más pequeño
que lo que necesita un país con el tamaño de nuestra economía y población.

    Responsabilizar al SNI de nuestra baja competitividad con el argumen-
to de que el sistema no considera como debería a las patentes, es querer
ocultar el problema nodal; el SNI no tiene para nada que ver con eso, el
problema está en la baja inversión del sector privado.

    Afortunadamente la realidad ha comenzado a transformarse y debemos
reconocer que en los últimos años, tanto desde el gobierno, la industria y
la comunidad académica, se realizan esfuerzos para revertir esta situación
mediante diversos programas de estímulos y reformas legales que favore-
cen la vinculación entre la academia y la industria. Nuestra misión en los
próximos años es trabajar para acelerar esta transformación.

                                                    José Franco
                                       Coordinador General

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