Inicio > revista forum > Forum 51. 50 aniversario de la llegada del hombre a la Luna

A 50 años de que el ser humano llegó a la Luna, las condiciones de la exploración espacial han cambiado desde las impuestas por la Guerra Fría y los gobiernos de Estados Unidos y Rusia. En este nuevo escenario, la carrera espacial ya no es impulsada por el desarrollo tecnológico militar y agencias espaciales de estos 2 países, sino que ahora participan consorcios y agencias de todo el mundo. Países como India y China tienen sus respectivos programas, al igual que los países europeos, sin embargo, quien sigue a la cabeza es Estados Unidos y Rusia, los únicos con capacidad de poner cargas pesadas y humanos en el espacio.

 

En este escenario, los estadunidenses no lo hacen solo a través de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), sino de la mano con la industria privada, que ha crecido notablemente en la última década.

Después de algunos reveses, en febrero de 2018 la compañía SpaceX elevó por los cielos del Centro Espacial Kennedy el cohete Falcon Heavy, un titán compuesto de 3 poderosos cohetes los cuales no solo pusieron en órbita el maniquí de un astronauta montado en un bello Tesla rojo, sino que además regresaron a Tierra en una coreografía ingenieril sin precedente, propia de un fino relato de ciencia ficción.

La hazaña fue posible a la visión del excéntrico Elon Musk, quien conjuntó a las mentes más destacadas para lograrlo. Será el Falcon Heavy, ha dicho, el cohete que pondrá en órbita a la humanidad no solo para viajar de regreso a la Luna, sino para llegar hasta Marte.

50 años después de que Neil Armstrong y Buzz Aldrin pisaron la Luna, los motivos, la tecnología y los actores que han emprendido una nueva carrera espacial son distintos a los de la Guerra Fría. Ahora hay más participantes y una cooperación internacional de agencias espaciales, pero también esfuerzos individuales para mostrar su poder ante los demás, como China e India. Todos los avances y posteriores alcances de la nueva era espacial tienen una historia en común, la misma base que tendrán logros como la llegada del ser humano a Marte en 20 o 30 años, aproximadamente.

“Es difícil poner un inicio al desarrollo espacial, puesto que hay muchos elementos que entran en juego, como los cohetes”, señala José Franco, investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Menciona que un momento importante fue el desarrollo de los cohetes de Wernher von Braun para la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. “Fue con estos con los que pensaron que dominarían el mundo”.

Al término del conflicto bélico, los ingenieros en aeronáutica alemanes eran uno de los trofeos de guerra más apreciados.

Estados Unidos se llevó a Von Braun y a todo su equipo, mientras los soviéticos se llevaron a otro grupo para que trabajara con Serguéi Koroliov, y así desarrollar sus primeros misiles estratégicos.

En la Guerra Fría, en vez de poner cargas explosivas se implementaron sondas y satélites, en una era que inició con la puesta en órbita del Sputnik, en 1957, y siguió con los viajes orbitales de Yuri Gagarin y otros humanos pioneros, hasta ser coronado por el alunizaje del Apollo 11.

La tecnología espacial inició con lentitud, con muchos ensayos y errores, pero entre 1957 y 1961 hubo un fuerte impulso, plataforma para el reto de llegar a la Luna en 1969. Sin embargo, después del clímax y finalización del programa Apolo (1972), la carrera se desaceleró hasta 1981.

En la década de los 80, el programa espacial soviético culminó con la puesta en órbita de la estación espacial MIR, con antecedentes de programas como el Salyut. La década de los 90 sería la de los transbordadores espaciales y la cooperación mundial con la Estación Espacial Internacional.

“A lo largo de este periodo se desarrolló la tecnología y exploración robótica en vez de las misiones tripuladas, las cuales son las que representan a la humanidad en Marte y más allá. Todo esto dejó mucho aprendizaje para desarrollar tecnología aplicada a la medicina, las telecomunicaciones, nuevos materiales”, apunta Raúl Alva, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana.

“¿Cómo estamos ahora? Hemos pasado de una competencia militar y hegemónica a una colaboración internacional; a la par, las empresas privadas, que antes eran solo colaboradoras, ahora son quienes están poniendo los satélites y explotando la órbita baja de la Tierra”, señala el también divulgador de la ciencia experto en ciencias espaciales.

Empresas como SpaceX y Virgin Galactic encabezan esta nueva era, y si bien el conocimiento como el de la cohetería en el siglo XX fue estratégico y militar, apunta por su parte el doctor Franco, ahora ya no es exclusivo. “Por eso, las compañías privadas han comenzado a desarrollar sus propios satélites y han logrado cosas tan impresionantes como los cohetes de SpaceX, y que a su vez abaratan las misiones espaciales, puesto que ahora se pueden reutilizar”.

En esta tesitura, añade Franco, excoordinador general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico que las compañías han puesto en marcha una carrera espacial privada, compitiendo unas con otras para obtener las mejores soluciones y tecnología. “Primero tuvimos una carrera espacial dinamizada por la Guerra Fría; ahora será por las empresas que generen los proyectos que se vuelvan hegemónicos”.

Los intereses privados no terminan ahí, acota Raúl Alva, puesto que Estados Unidos, China e India ya han mostrado interés en hacer minería espacial, pero existen otras áreas de inversión como el uso de tecnología para el estudio de la Tierra, las telecomunicaciones y el turismo espacial. Esto trae consigo problemas legales que tienen antecedentes desde la década de los 70 con el uso pacífico del espacio y el llamado “derecho espacial”.

“Hay muchos avances y participación de empresas privadas y otros consorcios multinacionales”, refiere por su parte Franco, expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias. “Dentro de éstos hay posibles mercados para México y su agencia espacial, pero para ello se necesita decisión y recursos, y para como están las cosas en el país se ve difícil”.

México podría participar en esta nueva era espacial, buscando resolver necesidades del mercado en áreas como las telecomunicaciones, indica. Una de estas empresas, recuerda, ha puesto en órbita constelaciones de 60 pequeños satélites. “Y piensan poner mil 200 más, la expectativa en el futuro es que en los próximos 10 años existan varios miles de estos pequeños satélites de comunicación en la órbita baja y para ello se requerirán bases de lanzamiento y de centros de construcción”.

Refiere que México podría tener puntos de lanzamiento en Sonora, Baja California o Sinaloa, para poner satélites en órbitas polares. “Para esto no se necesita un Cabo Cañaveral, sino más bien bases que pueden construirse en consorcio con estados sureños de Estados Unidos, como Arizona. Sin embargo, para ello se necesita un programa espacial mexicano competitivo durante varios años, para lo cual se requiere visión e inversión”.

El astrofísico finaliza apuntando que no se debe desdeñar que el desarrollo espacial ha dado una gran cantidad de insumos benéficos para la sociedad y, aunque hay consecuencias no deseadas, como la basura espacial, éstos han hecho mejor la vida cotidiana de las personas.

 

Foto: NASA.

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Isaac Torres Cruz