Inicio > revista forum > Forum 46. Revelan científicos autenticidad del Códice Maya de México

Hasta hace cinco años, muy pocos creían que el Códice Maya de México fuera el libro legible más antiguo de América, pero un equipo multidisciplinario de especialistas, coordinados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entre los que participaron varios investigadores del mismo Instituto, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV), y la Universidad de Colorado en Boulder, Estados Unidos, revelaron que se trata de un documento verdadero que data del 1154 d.C.

 

Erik Velásquez García, mayista del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, precisó que ningún otro documento mesoamericano ha sido estudiado tan a fondo en sus aspectos materiales como éste, ya que en los últimos dos años se analizaron las fibras, técnicas, pigmentos, química orgánica, inorgánica, radiocarbono, entomología y astronomía.

“Pasó de ser un documento del que todos dudábamos y al que nadie tomaba en serio, a un documento que nos dejó a todos maravillados cuando comenzaron a llegar los resultados de los laboratorios”, comentó Velásquez García.

El Códice Maya de México es el manuscrito más antiguo que puede ser leído. Hay códices que vienen del 300 al 600 de nuestra era, procedentes de tumbas de gobernantes mayas, pero no se pueden abrir, porque las hojas y los soportes no resistieron el clima húmedo y tropical, por lo que no se sabe cómo eran por dentro.

El Códice Maya de México se dedica a calcular las fechas rituales de las estaciones de Venus durante el siglo XII, detallando los eventos astronómicos con eficacia por espacio de 104 años, debido a su importancia para la vida de esta cultura.

Los mayas, enfatizó el experto, tenían gran temor a Venus pues tiene cuatro fases (estrella de la mañana, conjunción superior, estrella de la tarde y conjunción inferior) y en los periodos de conjunción donde no se veía, los mesoamericanos los asociaban con su estancia en el inframundo, por lo que al regresar traía muerte, enfermedad, destrucción, decadencia, guerra, hambrunas, todo lo malo. Por eso querían adelantarse a pronosticarlo para hacer algo y aplacar su furia.

“Además a Venus lo culpaban de los eclipses, diciendo que quería comerse al Sol y a la Luna, por lo que si no se reponían se acabaría el mundo, la humanidad y por eso no le tenían miedo, le tenían pavor”, enfatizó el investigador universitario.

 

Historia de pérdidas y ganancias

Originalmente saqueado en los años 60, se sabe que lo compró Josué Sáenz, un economista mexicano dedicado a coleccionar piezas arqueológicas y obras de arte novohispanas, que lo mostró a un experto mexicano, quien negó su autenticidad. Sin embargo, un especialista de la Universidad de Yale consideró que podía ser auténtico por lo que fue a parar a Nueva York en 1971 y exhibido en el Club Grolier.

En 1974 el documento regresó a México y fue donado al Museo Nacional de Antropología, donde estuvo guardado en la bóveda de seguridad hasta que en 2017 Baltazar Brito (director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia) y Sofía Martínez del Campo (investigadora de la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones del INAH) convocaron a expertos de la UNAM, el CINVESTAV y la Universidad de Colorado, a realizar un extenso estudio para conocer la verdad sobre el documento.

 

Estudios contundentes

Los expertos consideran que, en su origen, el documento estaba formado por 20 páginas, de las cuales se conservan 10, unidas por pliegues de corteza de amate. Pero los estudios realizados anteriormente del documento carecían de diversos aspectos de la materialidad.

En esta nueva oportunidad, añadió Corina Solís Rosales, del Laboratorio de Espectrometría de Masas con Aceleradores, del Instituto de Física de la UNAM, se tomaron pequeñas muestras de las distintas hojas y se encontró que los árboles de donde tomaron las cortezas para elaborar los soportes murieron entre los años 1026 y 1157.

Se tomaron micromuestras que fueron enviadas a diferentes laboratorios para obtener diferentes resultados y no quedarse solo con uno, y el fechamiento coincidió en todos los casos.

“Corroboramos que era un documento antiguo. Nuestra datación coincidió con la propuesta por Velásquez García” (en el sentido de que la fecha más probable escrita en el documento para el arranque de los cálculos de Venus cae a principios de diciembre de 1129), señaló la investigadora universitaria.

También se revisó el estilo del documento, y se reveló que es anterior a 1350, una fecha cuando estaba ya bien establecido el estilo de representación conocido como Mixteca-Puebla. Aunque este “Códice tiene muchos ingredientes precursores de ese estilo, pertenece a una época anterior, donde todavía no se completa el repertorio de elementos de esa tradición visual. Es más antiguo”, precisó Velásquez García.

Uno de los detalles que más sorprendió a los expertos fue la confirmación del uso del famoso azul maya y de la grana cochinilla, además de la presencia de yeso, negro de humo y óxido de hierro, que habían sido identificados en estudios previos por otros especialistas.

Carlos Pedraza, del Laboratorio de Entomología Forense de la Facultad de Medicina de la UNAM, reveló con microscopio que el documento fue atacado por artrópodos, señal de que estuvo en contacto con insectos, y un caparazón de ácaro parásito dedicado a descomponer la carne de los muertos, señal de que estuvo posiblemente junto a un cadáver.

Astronómicamente hablando, Velásquez García sugiere que el día 1 Ajaw, escrito en la última página del códice (hoy perdida), abarca entre el 4 y 7 de diciembre de 1129 de nuestra era. 1 Ajaw es la fecha ritual por excelencia de la primera aparición de la estrella matutina en el horizonte.

“No tenemos ningún códice mesoamericano que sea tan antiguo, todos son posteriores a 1350 o de plano de la época Colonia, y por esa razón el códice es tan raro”, detalló el investigador.

 

Testigo de su tiempo

Más allá del detalle y precisión con el que fueron hechos los estudios técnicos, Velásquez García destacó que el documento es una muestra única de lo que ocurría en la Mesoamérica del siglo XII, cuando había múltiples migraciones, inestabilidad, desplazamientos, hambrunas y constante lucha por la supervivencia.

Es un periodo poco conocido debido a que varios manuscritos elaborados en este tiempo eran de mala calidad, como lo es el mismo códice, con pocos pigmentos —por la falta de recursos—, y una de las razones por las que se había dudado de su autenticidad.

“Hasta conocer el Códice Maya de México teníamos una idea de cómo debían ser los códices, pero estábamos engañados, porque jamás habíamos visto un documento 300 años más antiguo”, reconoció Velásquez García.

Actualmente, el manuscrito se resguarda en la bóveda de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y solo pueden tener acceso los investigadores, mediante permiso de las autoridades del INAH.

 

Foto: UNAM.

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Diana Saavedra