A lo largo de su historia, México no ha tenido políticas neoliberales en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI), por el contrario, sus políticas han sido predominantemente de corte estatista, “ya que el Estado tiene la responsabilidad fundamentalmente crítica y protagonista de la promoción del sector y uno de los principales fundamentos del pensamiento neoliberal es que el mercado es más eficiente que el Estado para distribuir”, explicó Carlos Bravo Regidor, profesor asociado del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
Comentó que en nuestro país, la participación de la iniciativa privada en CTI es minoritaria, a diferencia de lo que ocurre en naciones que registran más patentes al año, como Corea del Sur, Japón o Alemania.
“En los países con las políticas más exitosas en CTI, observamos políticas de colaboración muy estrechas entre el Estado y el sector privado para promover investigación, lo que está muy bien porque se combinan los intereses legítimos del sector productivo pero también el Estado interviene para que se haga investigación que sirva al interés nacional”, indicó el especialista.
Con los rezagos que tiene México —pobreza, desigualdad, violencia, corrupción y debilidad institucional, entre otros—, señaló que el Estado tiene un papel muy importante que desempeñar.
“Me parece que sería un error optar por una política en CTI en la que predominara la iniciativa privada, lo que se tiene que hacer es moverse a un modelo de colaboración más estrecho y productivo entre ambos sectores. Aprender de la experiencia comparada, de las mejores prácticas internacionales. No es necesario inventar el hilo negro.
“El diseño de la política en CTI no puede darse al margen del diseño de la política de desarrollo. No hay que ver a la iniciativa privada como si fueran los malos de la película”, enfatizó Bravo, quien realizó sus estudios de posgrado en historia por la Universidad de Chicago.
Iniciativa de reforma a la Ley de Ciencia y Tecnología
El 8 de febrero pasado, fue presentada en el Senado de la República una iniciativa para reformar la Ley de Ciencia y Tecnología vigente, la cual, en palabras del especialista del CIDE, muestra una enorme ambición y deseo de hacer cambios pero no necesariamente un entendimiento exhaustivo y minucioso de lo que se quiere cambiar.
El premio Charles A. Hale Award para jóvenes historiadores de México otorgado por la Latin American Studies Association, añadió que este gobierno en general tiene muchas ganas y mucha prisa por cambiar las cosas, y en efecto, hay muchos rezagos en este país, sin embargo, querer combatirlos “a la carrera” no necesariamente significa combatirlos bien.
“Hay dos cosas que me llaman la atención de la iniciativa de ley. La primera es que no se puede prohibir por decreto la investigación en nada, la ciencia avanza por contraste, por la competencia entre ideas distintas, la ciencia no avanza por decreto, avanza porque refutamos nuestras certezas con nueva evidencia o nuevas dudas. No se puede plantear una política en ciencia que prohíba investigación en nada.
“El otro aspecto es la centralización en la toma de decisiones pasando por encima de organismos colectivos o colegiados. Eso también parece muy poco familiarizado con cómo funciona con cómo debe funcionar, una comunidad científica. Entre pares nos evaluamos unos a otros, evaluamos nuestros respectivos proyectos. Eso es algo que habría que preservar, no eliminarlo”, advirtió el también licenciado en relaciones internacionales por El Colegio de México.
El estigma del neoliberalismo
El neoliberalismo es una escuela del pensamiento económico que tiene su origen en los periodos de posguerra, en la década de los 40. Surge como una alternativa frente a las dos opciones que habían resultado victoriosas: el modelo comunista (encabezado entonces por la Unión Soviética) y el modelo del Estado de bienestar (con el que se identificaron Europa Occidental y Estados Unidos). Ambos modelos suponían un Estado fuerte, interventor y proveedor de bienes y servicios públicos a la población, explicó Bravo Regidor.
El neoliberalismo quiso ser una alternativa abiertamente anti-estatista, centrada en la eficiencia de los mercados, con mecanismos para establecer precios, para distribuir bienes y servicios, y para proteger la libertad del individuo de elegir.
El prefijo “neo” se utiliza para diferenciar el liberalismo clásico del neoliberalismo. Por ejemplo, el primero es menos militante que el segundo. “El neoliberalismo se vuelve mucho más hostil a cualquier tipo de responsabilidad del Estado, a cualquier intervención en la vida económica y social que puede tener el Estado, y el liberalismo clásico admite o reconoce que el Estado puede desempeñar un papel más relevante y positivo en la vida económica que el neoliberalismo”.
Agregó que “en la década de los 60 y 70 el neoliberalismo dio un salto, de ser una escuela de pensamiento a ser una alternativa de política. En algunos lugares se convirtió en la fuente de nuevas decisiones y políticas, por ejemplo las privatizaciones, como en Chile con Pinochet, en el Reino Unido con Thatcher o en Estados Unidos con Reagan, así como en muchos países de América Latina, incluido México. A partir de la década de los 80 y los 90, el neoliberalismo se volvió hegemónico”, explicó el coordinador del programa de periodismo en el CIDE.
Señaló que de un tiempo para acá, el neoliberalismo, más que una categoría de análisis que se refiere a una escuela de pensamiento o a un modelo económico, se ha convertido en un estigma, mediante el cual, ciertos grupos califican a sus adversarios.
“Se utiliza el descrédito en el que ha caído el término neoliberal para descalificar lo que no gusta. En ese sentido, el concepto se ha degradado en términos de su uso, de ser una categoría de análisis a ser un adjetivo con el que resulta muy fácil estigmatizar aquello con lo que no estás de acuerdo. Creo que eso está ocurriendo en México en este momento, estamos calificando como neoliberal aquello que no nos gusta o con lo que no estamos de acuerdo, sea o no propiamente neoliberal”, dijo el especialista.
“De hecho, estamos llegando a un extremo muy paradójico en el que en nombre del combate a las herencias neoliberales estamos quitando recursos a instituciones públicas, promoviendo políticas de austeridad draconianas o recortando presupuesto a la educación. Justo lo que haría, de hecho, un gobierno militantemente neoliberal, aunque ahora lo hacemos porque supuestamente estamos en contra del neoliberalismo”, concluyó Carlos Bravo.
Foto: Anayansin Inzunza.
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Anayansin Inzunza