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Agua y ciencia, alianza para un futuro sin sed Imprimir
Por Alfonso Morales

esta primavera de 2012, en la que casualmente México enfrenta una de las peores sequías de su historia, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, AC, impulsa importantes obras que buscan el desarrollo de una conciencia más responsable respecto de la gestión, el uso y los manejos de los recursos hídricos de los que se dispone, desde los niveles regionales hasta los planetarios.

El primero de ellos tiene que ver con la publicación del Diagnóstico del Agua en las Américas, a mediados de marzo. Esta obra, elaborada conjuntamente con la Red Interamericana de Academias de Ciencias (IANAS, por sus siglas en inglés) reúne, con la coordinación de los científicos Blanca Jiménez Cisneros (México) y José Galizia Tundisi (Brasil), a poco más de 300 especialistas de 15 países del continente, con el objetivo de aproximarse al estado que guardan la problemática y las condiciones de disponibilidad y calidad de los recursos acuíferos de las diversas regiones geográficas, entendidas en el entorno de las propias características y condiciones climatológicas, económicas, culturales, ecológicas y sociales que componen a cada nación.

El segundo esfuerzo de concientización es el Foro Nacional para la Elaboración del Programa Especial de Ciencia y Tecnología en Materia de Agua que en el mes de abril, el Foro Consultivo, junto con entidades como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) es el primer paso para establecer estrategias y políticas públicas que permitan a la sociedad mexicana enfrentar, desde la investigación científica y tecnológica, y por ello con mejores perspectivas de éxito, los retos que se derivan del consumo del vital líquido.

En el capítulo “Los Recursos Hídricos en México: Situación y Perspectivas” del Diagnóstico del Agua en las Américas, connotados científicos especializados en investigaciones relacionadas con el agua y su gestión, sus usos regionales y comunales y la cultura que les rodea, presentan un panorama preciso acerca de los retos, limitaciones y posibilidades de los recursos acuíferos nacionales, para alinearlos en la proyectiva de mejores formas de aprovechamiento y recuperación.

En este apartado nacional sobre los recursos hídricos participan, además de la doctora Jiménez Cisneros, especialistas como: María Luisa Torregosa, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales sede México, quien además coordina el capítulo; Ramón Domínguez, del Instituto de Ingeniería de la UNAM (II-UNAM); Edith Kauffer, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS-Sureste); Polioptro Martínez, del IMTA; José Luis Montesillo, del Instituto de Estudios sobre la Universidad de la UAEM; Jacinta Palerm, del Colegio de Postgraduados (COLPOS); Adolfo Román, del Instituto de Investigaciones Agrícolas de la UABC; Laura Ruelas, del Colegio de Veracruz, y Emma Zapata, del Programa de Desarrollo Rural del COLPOS.

La historia del aprovechamiento del agua en México es inseparable de su desarrollo cultural, económico, social y hasta político, que va desde el consumo comunitario por los pobladores originarios, entre quienes el concepto de propiedad privada era desconocido, hasta una serie de confrontaciones derivadas de nuevas formas de organización que derivaron normatividades para centralizar el manejo de los recursos acuíferos, disponer las formas de los diversos usos del agua, sus cuidados, así como la construcción de múltiples obras hidráulicas y sus cuerpos institucionales de control y sanción.

Sin embargo, no se puede administrar lo que no se cuantifica, de ahí que hacia mediados del siglo pasado fue necesario levantar un censo de la disponibilidad de los recursos hídricos y de su real distribución geográfica y económica. Esta tarea ha implicado la inversión de una buena parte de la aplicación de políticas públicas en la materia durante las últimas seis décadas, cuyo máximo logro ha sido la descentralización, con el establecimiento de la Conagua.

En lo que respecta a nuestro país, uno de los puntos más importantes de este diagnóstico es el que tiene que ver con un concepto que por desgracia todavía no forma parte del discurso corriente entre los tomadores de decisiones: gobernanza.

Tanto la gobernanza como el manejo del agua se hallan intrínsecamente ligados a las condiciones de desigualdad social y económica que privan en México en el transcurso de su historia. Esto nos obliga a imaginar posibilidades de solución basadas precisamente en esas disparidades que entrañan nuestra realidad nacional. En ese sentido, como efectivamente advierten los autores, se imponen modelos como el de la Gestión Integrada de los Recurso Hídricos, cuyo diseño, a partir de considerar a la población como una ciudadanía en pleno uso de sus derechos y obligaciones, permite detonar y aprovechar la construcción de conciencias en el imaginario social que sustenten la articulación de cambios súper estructurales, en especial en relación con las necesarias reformas constitucionales y legislativas que apunten hacia la concepción del derecho al agua como una garantía fundamental.

En lo que respecta al Foro Nacional para la Elaboración del Programa Especial de Ciencia y Tecnología en Materia de Agua, la urgencia es todavía más inmediata, en especial en aquello rubros que tienen que ver con las necesidades de las diversas comunidades y poblaciones para identificar las áreas estratégicas de atención que faciliten al menos en promedio un abasto regular, una calidad aceptable y un uso razonable de los recursos hídricos de los que disponen el país, los estados, las regiones y las comunidades y poblaciones.

En este sentido, el Foro Consultivo propone un amplio debate que tenga por finalidad la consecución de un cuerpo teórico, basado en la ciencia, la tecnología y la innovación que se transforme en el sustento de un programa nacional hídrico a mediano plazo y una agenda nacional de largo aliento, que garanticen la gestión, la gobernanza, el uso y el manejo tanto de los mantos acuíferos, cuencas y demás reservas naturales, así como la obra hidráulica para la cobertura universal, el abasto y la seguridad de los asentamientos en zonas de inundaciones.