Columna Invitada
Aprender del desastre en el Golfo de México Imprimir

 

 Lorenzo Martínez *

 

Hay accidentes que no son accidentes, sino muertes anunciadas. Cuatro semanas antes del estallido en la plataforma Deepwater Horizon, varios ingenieros a bordo se percataron que el flujo de aceite había subido los fragmentos rotos del sello anular del pozo, anunciando una condición anormal de operación que por su altísimo nivel de riesgo merecía atención inmediata. Siguieron perforando en condiciones anormales de operación cuatro largas semanas más hasta que sobrevino la explosión que causó 11 muertes y la peor catástrofe ecológica global de la industria del petróleo. Un ingeniero sobrevivió y decidió contarlo.

 

En el Golfo de México se han perforado decenas de miles de pozos de crudos y gas. Hay en producción cerca de diez mil. Todos los pozos tienen un blowup preventer BOP colocado a la salida de tierra. En el caso de Deepwater Horizon el BOP estaba en fondo del mar, a unos 1,600 metros de profundidad.

 

El BOP se diseñó para prevenir aquellos chorros desbocados de petróleo que celebran en las películas, pero que causaron muchas muertes y pérdidas en los albores de la industria del petróleo. Los BOP tienen varios diseños y muchos sistemas de redundancia. Entre otros dispositivos cuentan con un cilindro anular con capacidad para sellar todo el tubo del pozo, dejando pasar y girar la broca de perforación.

 

El BOP es un elemento de seguridad que se usa y se pone a prueba a veces diariamente porque la perforación de petróleo tiene muchas contingencias. Sabiendo que las consecuencias de una falla del BOP son altamente catastróficas, tanto para la seguridad de los trabajadores como para el medio ambiente, la tecnología de los BOP ha evolucionado hasta niveles de muy alta confiabilidad haciendo mínima la probabilidad de falla. De esta manera el riesgo del desbocado de los pozos se ha controlado en rango manejable. Sin ser completamente igual, la anterior catástrofe de este tipo había sido el Ixtoc en 1979.

 

La causa de la fuga en el Golfo de México no fue la tecnología del BOP; se trató de una falla de reacción humana en el plano organizacional al no reconocer y actuar acertadamente desde el mando ante la clara condición anormal de operación de la ruptura del sello anular de caucho cuyos trozos llegaron a la superficie cuatro semanas antes.

 

Normalmente la actividad de perforación con el BOP en servicio tiene una probabilidad de fuga casi cero. En condiciones normales el factor consecuencia de fuga, siempre elevadísimo, se nulifica en el cálculo de riesgo al multiplicarse por la bajísima probabilidad de falla del BOP. Al dañarse el BOP la probabilidad de fuga se incrementó notablemente dando una consecuencia totalmente inaceptable. Había que reestablecer de inmediato la funcionalidad del BOP para controlar el pozo.

 

La atención al factor humano ha producido una variedad de estrategias de organización y de normas en todo el mundo. En 2002 el Departamento del Transporte de Estados Unidos lanzó un muy imaginativo programa de Calificación de Operadores estrechamente basado en los aprendizajes de los más graves incidentes del transporte de hidrocarburos por ducto del siglo pasado. Considerando lo más avanzado de los sistemas de capacitación en el trabajo, los norteamericanos escogieron el sistema pedagógico de competencias. Asimismo fijaron como eje del programa una competencia crítica fundamental: el ingeniero y el trabajador deben estar plenamente certificados para reconocer y actuar acertadamente frente a condiciones anormales de operación.

 

El American Petroleum Institute estableció una lista de cerca de 150 competencias críticas de operaciones del transporte de hidrocarburos por ducto. Todos los ingenieros y técnicos del transporte por ducto son entrenados y certificados en las competencias críticas de cada ámbito de responsabilidad. Por ejemplo, más de 40 de las competencias críticas se refieren a tareas del control de la corrosión: Operación y monitoreo de los sistemas de protección catódica, inhibidores de corrosión y recubrimientos. Otras competencias críticas se refieren a las reparaciones de los tubos, incluyendo cortes y soldaduras, sensores, etcétera.

 

Las competencias críticas de operación tienen la mayor importancia: Cerrar y abrir válvulas de manera remota, monitorear presiones y el arranque y suspensión del flujo en su conjunto. Tanto en la ejecución de cada competencia crítica particular, como en la visión de conjunto, el trabajador y el ingeniero deben saber reconocer con mucha claridad, y saber cómo actuar en consecuencia ante condiciones anormales de operación.

 

Notoriamente el programa de Calificación de Operadores, que es hoy toda una filosofía de trabajo en el transporte por ducto terrestre de Estados Unidos, no regula en ambiente marino, porque éste compete al Departamento del Interior. De haber prevalecido la filosofía del programa de Calificación de Operadores en la plataforma Deepwater Horizon, la estructura organizacional probablemente se hubiera forzado mucho más a reconocer y a actuar con prontitud y precisión frente a la gravísima condición anormal de la falla del BOP.

 

La atención del factor humano está cobrando la mayor importancia en las organizaciones productivas, especialmente las de alto riesgo. La secuela que ha dado lugar al mayor desastre ecológico de la industria petrolera debe traer aprendizajes para todos los países. Para la industria petrolera mexicana, que ya inició el programa de Calificación de Operadores no queda más que recomendar su vigorosa expansión a todas las competencias críticas de la operación y el mantenimiento del transporte de hidrocarburos por ducto, especialmente en zonas marinas.

 

* Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de México y del Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM

 

** Publicada en La Crónica, el miércoles 14 de Julio, 2010.