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Octavio Paredes* y Arturo Barba** Mientras otras naciones y regiones del mundo avanzan a pasos agigantados en materia de ciencia, tecnología e innovación (CTI), México se rezaga cada vez más. Como lo reporta el Grupo Editorial Nature (GEN) los países de Asia-Pacífico se han convertido en la referencia obligada en todos los campos de la actividad humana como el arte, la moda, la economía y, por supuesto, la CTI. Ellos avanzan a ritmo vertiginoso, pero nosotros seguimos a pasos muy lentos. Al revisar el excelente análisis del Índice Editorial de 2012 de Nature –Nature Publishing Index (NPI)– dedicado a esta región y publicado en marzo pasado, se puede observar la alta calidad del trabajo científico, institución por institución, país por país, realizado por esas naciones durante el año pasado y publicado en las más de 18 revistas del grupo como Nature, Nature Medicine y Nature Biotechnology, entre otras. Sin duda las más influyentes, y en algunos casos entre las más influyentes, y de mayor impacto en el mundo científico. El resultado de esta revisión resulta más que abrumadora no sólo porque constituye un registro pormenorizado cuantitativo y cualitativo de los sistemas de alta producción científica que han constituido países como Japón, China, Australia, Singapur y Corea del Sur, entre otros; sino por las implicaciones que tiene al comparársele con la capacidad científica mexicana, e incluso latinoamericana, que refleja una distancia cada vez mayor y esperaríamos que no se convierta en infranqueable. Muchos de estos países que ahora tienen un puesto indiscutible en la élite científica y tecnológica mundial, hace tan sólo tres décadas se encontraban en un nivel similar, o por debajo, al nuestro. Sin embargo, hoy son el ejemplo a seguir y los ojos del mundo ven con interés lo que sucede en esa región. En los últimos años el crecimiento científico de la región de Asia-Pacífico ha venido en ascenso constante. El informe de 2012 señala que nunca se habían publicado tantos artículos con investigadores y organizaciones de Asia-Pacífico en términos absolutos o como porcentaje del total producido. Un dato digno de destacarse es que casi todos los países de esta región incrementaron sus presupuestos en CTI, que se reflejaron en 1,009 artículos publicados por científicos de 16 países y 738 instituciones de la región, lo que representó 28% del total mundial, que fue de 3,560 artículos en el NPI. Cabe destacar que la mayoría de las revistas de Nature publican principalmente investigación básica y ciencia con fines aplicativos, y en mucha menor medida innovaciones tecnológicas, por lo que las fortalezas de la región Asia-Pacífico en ingeniería y la generación de alta tecnología no están representadas en el NPI. La ciencia de Asia tiene una importante presencia a nivel mundial con 13 instituciones de la región en el ranking de las primeras 100 instituciones del mundo en Nature: seis son de Japón (las universidades de Tokio, Kyoto, Osaka, Nagoya, Tohoku y el Riken), cuatro de ellas son de China (Academia China de Ciencias (ACC), Universidad de Ciencia y Tecnología de China, Universidad de Tsinghua, Universidad de Pekín), dos de Australia (Universidad de Melbourne y la Universidad Nacional de Australia) y una de Singapur (Universidad Nacional de Singapur). El NPI es un registro útil para analizar la producción científica de impacto internacional y para la región Asia-Pacífico que cuenta con datos de los últimos cinco años, tiempo en el que no ha variado la presencia de los primeros países y donde Japón aún domina, pero va perdiendo ventaja respecto a China; y la producción científica de Corea del Sur y Singapur están aumentando rápidamente. El crecimiento de la región ha sido sostenido: en 2008 publicó 19.1% de los artículos en NPI; en 2009, 20.1%; en 2010, 22.3%; en 2011, 26.6%; y en 2012, 28.3%. Japón pierde terreno Aunque Japón aún encabeza la región, la reconstrucción después del terremoto y el tsunami de 2011, más la recesión económica, han obligado a disminuir el ritmo creciente de su presupuesto en investigación y desarrollo. El gobierno japonés ha tenido que dedicar 210 mil millones de dólares a la reconstrucción, lo que ha afectado su inversión en ciencia. Sin embargo, Japón todavía es el país que ocupa el primer lugar regional en tres de las cuatro categorías de las áreas de NPI –química, ciencias de la vida y ciencias físicas–, además, ocupa el tercer lugar en ciencias de la Tierra y ambientales. Publicó 398 artículos de los 1,009 de toda la región y cuenta con 80 instituciones entre las primeras 200 del ranking. Tiene más de 655 mil científicos para una población de 126.4 millones de habitantes, lo que arroja más de 51 investigadores por cada 10 mil habitantes. China, la gran historia La gran protagonista de 2012 es China. Un factor llamado cuenta corregida (que mide el número de investigadores e instituciones involucrados en cada artículo) aumentó 36%, en comparación con 9% de Japón y 5.6% de Australia, seguidos por Taiwán, con un incremento de más de 20%, y posteriormente India y Nueva Zelanda. Con 303 artículos en 2012, China ocupa el segundo lugar en todos los campos del conocimiento. Su principal institución científica es la ACC, que pasó del lugar 23 al 12 en el ranking mundial de Nature, y cuenta con más de 60 mil empleados y más de 100 institutos, desafiando la supremacía en la región de la Universidad de Tokio. El número de científicos chinos sigue en aumento: actualmente hay un millón 152 mil investigadores. Entre las primeras 200 instituciones del ranking Asia-Pacífico de Nature, hay 51 instituciones chinas, y la mejora de la ciencia china se refleja en todos los niveles; el número de instituciones que publican en las revistas de GEN aumentó 42%, al pasar de 153 en 2011 a 218 en 2012. A diferencia de los latinoamericanos en general, el gobierno chino planea medidas de largo aliento: aumentará el presupuesto en investigación y desarrollo para pasar de 1.75% del producto interno bruto (PIB), que tenía desde 2010, a poco menos de 2.5 % del PIB en 2020. En términos del monto de inversión se ubicará en el segundo lugar, después de Estados Unidos. Mientras, en México varias empresas huyen del país por la inseguridad o están atemorizadas, un creciente número de compañías buscan establecer centros de investigación y desarrollo en China. Un ejemplo, a finales de 2011 la farmacéutica estadunidense Merck anunció una inversión de más de mil 500 millones de dólares en investigación para los siguientes cinco años en Beijing. Varias otras empresas internacionales están siendo alentadas para establecerse en esta región y mejorar la creatividad endógena, como Nestlé que está instalando un importante laboratorio para la innovación en Singapur; mientras que algunos sectores de la sociedad mexicana se ponen nerviosos ante la presencia local de grupos internacionales para la generación de alta tecnología. A pesar del enorme crecimiento de la ciencia china, para expertos como Bai Chunli, presidente de la ACC, el nivel de sus publicaciones tiene que mejorar, pues su factor de impacto por número de citas es menor que el producido por Japón, Estados Unidos y otras naciones. Investigación ambiental australiana Australia se encuentra en el tercer lugar indiscutible con más de 92 mil investigadores en un país con casi 23 millones de habitantes, lo que arroja 43 investigadores por cada 10 mil habitantes. Su principal institución es la Universidad de Melbourne, que sigue creciendo en las clasificaciones regionales y mundiales, pero además hay otras 26 instituciones que se encuentran entre las primeras 200 de la región Asia-Pacífico. De acuerdo con las últimas estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Australia dedica 2.2% de su PIB a actividades científicas. Debido a su geografía de isla, Australia es el lugar ideal para realizar investigaciones sobre ciencias ambientales y de la Tierra; de hecho, una tercera parte de su investigación científica es sobre este campo, el cual domina en la región. Se ubica en tercer lugar en ciencias de la vida y cuarto en química y ciencias físicas. Durante 2012, los investigadores australianos publicaron 223 artículos en la revistas del GEN. A favor de la ciencia básica Corea del Sur y Taiwán tienen cierta debilidad en la investigación básica. En 2012, el primer país estableció un nuevo instituto para ciencia básica como un esfuerzo para reequilibrar su investigación y desarrollo. Para ello, aumentó el presupuesto hacia un extenso programa de investigación básica y su presidente está decidido a inducir la presencia de la ciencia en muchas áreas de la política. Corea del Sur cuenta con 21 instituciones dentro del ranking de las primeras 200 de Asia-Pacífico, según el NPI. El presupuesto de esta nación dedicada a estas actividades es impresionante: 4% de su PIB, que en 2017 llegará a 5%, contrasta enormemente con 0.4% en México. El potencial científico y tecnológico de Corea del Sur se puede medir en sus más de 264 mil investigadores para un país de 48.58 millones de habitantes, lo que arroja 54 científicos por cada 10 mil habitantes. El reporte de NPI indica que el año pasado se publicaron 112 artículos en revistas del GEN. Singapur es otra isla sorprendente. Aunque sólo cuenta con una institución en el ranking global de Nature, durante 2012 publicó 71 artículos, que supera por mucho los cuatro a seis artículos que publica México al año. Además, cuenta con cuatro instituciones dentro de las primeras 200 de la región Asia-Pacífico. Es el quinto clasificado en la región con 30 mil 500 investigadores en un país con poco más de 5 millones de habitantes, lo que arroja 60 investigadores por cada 10 mil habitantes, por encima de los demás países de Asia y muy superior al 1.7 investigadores por cada 10 mil habitantes de México. El NPI señala que uno de los desafíos que enfrenta la región es el incremento del factor de impacto del trabajo científico, pues a pesar de que su contribución a la ciencia básica es del más alto calibre con 28% del total, su factor de impacto es de tan sólo 15%, frente a 41% de Estados Unidos, o 31% de los 27 países de la Unión Europea. Para México el desafío es aún mayor: urge construir una nueva política de CTI que siga el ejemplo de las naciones asiáticas, que aproveche su potencial natural y su lugar dentro de las economías emergentes. Necesita una ciencia que impacte en beneficio de la sociedad. Y para ello requiere adicionalmente, entre otros, de profesores en todos los niveles comprometidos, con comportamientos ejemplares, y de jóvenes estudiosos sin capucha que expresen sus preocupaciones y corresponsabilidades en forma propositiva y decorosa. *Investigador del Cinvestav-Unidad Irapuato, Miembro de la Junta de Gobierno, UNAM e Integrante del Consejo Consultivo de Ciencias *Estudiante de doctorado, Cinvestav-DF
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** Publicada en el diario La Crónica, el miércoles 15 de mayo de 2013. |