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Núm. 21 Febrero 2017

  Editorial

    El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), desde su creación
                            en 1970, ha desempeñado un papel importantísimo en el desarrollo de la
                            ciencia y la tecnología en nuestro país. Además de sus apoyos para prepa-
                    rar capital humano y desarrollar proyectos de investigación, este organismo ha
                    sido el espacio en el que se diseñan las políticas públicas de ciencia y tecnología
                    de México.

                        También ha impulsado la creación de infraestructura y ha tratado de vincular
                    el conocimiento con el desarrollo económico y el bienestar social. Sin embargo,
                    debido a las características de nuestro sistema político, no se ha logrado estable-
                    cer una continuidad en el desarrollo de planes y acciones a largo plazo. Prueba de
                    ello es la variabilidad en el gasto en ciencia y tecnología que se ha tenido en cada
                    periodo de gobierno.

                        En estos años también ha quedado claro que uno de los mayores problemas que
                    han obstaculizado la integración del sistema científico al desarrollo económico de
                    nuestro país, es la escasa participación del sector privado en el financiamiento
                    de proyectos en ciencia, tecnología e innovación. Si se compara la participación
                    privada en el gasto en investigación y desarrollo experimental en las naciones más
                    desarrolladas y la de nuestro país, es evidente que en México es aún muy baja.

                        El doctor Enrique Cabrero, director general del CONACyT, planteó en la reu-
                    nión realizada el 8 de diciembre en la Academia Mexicana de Ciencias, que para
                    revertir este fenómeno se requiere garantizar la estabilidad de la política de inver-
                    sión hacia ciencia y tecnología durante al menos tres décadas. La experiencia de
                    países como Finlandia, India, Irlanda y Corea del Sur, muestran que los cambios en
                    la inversión privada se han dado en lapsos de entre 25 y 30 años.

                        Para emprender un esfuerzo en esa dirección, se requiere contar con un orga-
                    nismo que no esté sujeto a los vaivenes políticos que caracterizan a nuestro país y
                    que pueda dar la continuidad que se requiere a la política de ciencia y tecnología.
                    El CONACyT debe transformarse en un organismo con una mayor autonomía que
                    le permita accionar dentro de un marco de mayor estabilidad. Esto no necesaria-
                    mente se logra con una Secretaría de Estado, como se ha propuesto en varias oca-
                    siones. De hecho, el análisis del doctor Cabrero y su propuesta consiste en dotar de
                    mayor autonomía al CONACyT, definir un perfil claro de su titular e involucrar al
                    Congreso de la Unión en su elección. Dados los momentos de gran incertidumbre
                    ante los cambios políticos y económicos a nivel internacional y en México, esta
                    propuesta debe madurarse para contar con el mayor respaldo dentro del Sistema
                    Nacional de Ciencia y Tecnología y llevarse a la práctica en el corto plazo.

                                                    José Franco
                                       Coordinador General

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