La dimensión de género en la investigación suele confundirse con la investigación sobre los temas de género, o incluso sobre el equilibrio de género en los grupos de investigación. La dimensión de género no significa que la ciencia cambia si la realizan mujeres o si la desarrollan hombres. Significa que los resultados serán más completos y enriquecedores si la investigación toma en cuenta ambos grupos. En este sentido, la dimensión de género significa que el género es parte del diseño de la investigación y se controla sistemáticamente durante todo el proceso de investigación sin ser necesariamente el foco principal del análisis.
Para abordar el tema en su justa dimensión, es necesario considerar algunas definiciones básicas. De acuerdo al Manual Frascati, documento técnico que establece las bases para la recopilación estándar de información en investigación y desarrollo a nivel mundial y que coordina la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se entiende por Investigación y Desarrollo (I+D) “el trabajo creativo y sistemático realizado con el objetivo de aumentar el volumen de conocimiento (incluyendo el conocimiento de la humanidad, la cultura y la sociedad) e idear las nuevas aplicaciones de conocimiento disponible”.
Por su parte, la dimensión de género implica tomar en cuenta las diferencias de sexo/género al momento en la investigación. La dimensión de género supone que la observación, el análisis y los resultados de la ciencia podrían afectan de manera diferenciada a mujeres y hombres y, por lo tanto, se debe hacer explícita esa diferenciación desde el planteamiento mismo del problema de investigación. Este concepto establece que hay que considerar tanto el sexo (características biológicas), como el género (factores culturales de hombres y mujeres) en los proyectos de investigación, cuando esto sea pertinente.
En este punto es importante diferenciar la dimensión de género (aplicable a los temas de ciencia, tecnología e innovación) de los conceptos de igualdad y equidad de género. De acuerdo con ONU Mujeres, la igualdad de género es un derecho humano protegido por distintos instrumentos nacionales e internacionales y, por lo tanto, va de la mano con el principio de la no discriminación.
En contraste, el concepto de equidad es un principio ético-normativo asociado a la idea de justicia; se trata de cubrir las necesidades e intereses de personas que son diferentes, especialmente de aquellas que están en desventaja. La equidad es un principio esencial para el logro de la igualdad, pero su aplicación no elimina las relaciones de poder, ni garantiza los derechos, por eso se vincula principalmente con la eliminación de las desventajas que se asocian a las prácticas discriminatorias que colocan en situación de injusticia a un colectivo frente a otro y es por eso que, en materia de políticas, está vinculado a la igualdad de oportunidades. Es decir, a crear las condiciones mediante acciones afirmativas para el ejercicio de un derecho.
Una vez definidos los conceptos clave es necesario hacer la pregunta ¿cómo lograr generar investigación de calidad que además incluya la dimensión de género? En un mundo ideal, toda investigación debería ser de alta calidad e incorporar todas las visiones pertinentes que contribuyan a mejorar los resultados de la investigación. No obstante, en el mundo real, este vínculo es difícil de lograr y, sobre todo, difícil de evaluar.
La Comisión Europea declara en su Programa Horizon 2020: "Integrar el análisis de género/sexo en el contenido de investigación e innovación (I + I) ayuda a mejorar la calidad científica y la relevancia social del conocimiento, la tecnología y/o la innovación producidos”. El primer paso para lograr este objetivo, es incorporar el análisis de sexo y género en todas las fases de la investigación. Algunos expertos en el tema han desarrollado guías prácticas para identificar si una investigación ha tomado en cuenta la dimensión de género (Casasbuenas, 2015). Aquí se exponen algunas preguntas clave para lograr este objetivo:
¿Se han considerado los factores de género y/o sexo como variables de investigación clave en todo el trabajo?
¿Recolectó el estudio datos para ambos sexos/género o solo para uno, y si es así, por qué? ¿Se han segregado los datos por sexo/género y se han analizado para demostrar si hay diferencias significativas?
¿La (s) pregunta (s) o hipótesis de la investigación hacen referencia al género y/o al sexo?
¿Son los métodos comúnmente utilizados (como cuestionarios, encuestas) y fuentes de datos (como biobancos, estudios observacionales) sensibles a la recopilación de información sobre sexo/género?
¿Han sido diferentes los efectos observados para hombres y mujeres? Si es así, ¿por qué? La investigación desarrollada ¿ha identificado si ser hombre o mujer tiene un impacto en los resultados de la intervención y los explicó?
Si, por alguna razón, los beneficios son sesgados por género/sexo, ¿cuáles son los próximos pasos en términos de investigación para contrarrestar esto?
A nivel internacional se registran prácticas que promueven cada vez más la incorporación de la perspectiva de género en el desarrollo de las investigaciones. En el Espacio Europeo de Investigación (EEI), la integración de la perspectiva de género en la investigación es una de las seis prioridades clave. La Comisión Europea y varias agencias e instituciones nacionales de financiamiento de la investigación alientan a los investigadores a incluir la dimensión de género en sus propuestas de subvención, cuando corresponda.
Varios estudios sobre el tema refieren que la dimensión de género en el contenido de la investigación es menos común en artículos científicos en los campos de las ciencias agrícolas, ingeniería y tecnología, y ciencias naturales, y más común en las ciencias sociales. También se han identificado áreas en las que existe una necesidad específica de fortalecer la dimensión de género como en tecnología, salud y medio ambiente.
En este último punto destaca el informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), organización intergubernamental que apoya a los países en su transición hacia un futuro de energía sostenible, que establece que la transición energética global ofrece una oportunidad sin precedentes para transformar el sector energético en todos los aspectos, creando una serie de beneficios sociales y económicos, incluido el crecimiento del empleo. IRENA estima que la cantidad de empleos en el sector podría aumentar de 10.3 millones en 2017 a casi 29 millones en 2050. Es por ello que adoptar una perspectiva de género para el desarrollo de las energías renovables es de vital importancia para garantizar que las contribuciones de las mujeres, sus habilidades y puntos de vista, representen una parte integral de la creciente industria.
Es un error pensar que la dimensión de sexo/género o las perspectivas de género están reservadas para los académicos con un interés particular en esta área. La dimensión sexo/género en la investigación puede involucrar diferentes enfoques teóricos y metodológicos, y puede contribuir a resolver los desafíos sociales de nuestro tiempo.
¿Cuándo usar la dimensión de género en la investigación? La respuesta brindada por el Centro Nacional de Conocimiento para las Perspectivas de Género y el Equilibrio de Género es ilustrativa: "Suponemos que la dimensión de género es útil cuando la investigación tiene o puede tener consecuencias para las personas". Efectivamente, incluir la dimensión de género en la investigación puede, literalmente, salvar vidas, y prueba de ello son los casos emblemáticos en las áreas de salud (los síntomas de un infarto son distintos en hombres que en mujeres), en ingeniería (maniquís de prueba de choques para embarazadas) o para la ciencia básica (no usar muestras apropiadas de células, tejidos y animales produce resultados defectuosos).
Si bien, este artículo se ha centrado en la dimensión de género como una forma de estimular la excelencia en ciencia y tecnología al integrar el análisis de género en la investigación, también es importante decir que no es un tema ajeno a las dinámicas que se dan en el ámbito académico, por lo que no se deben dejar de lado los esfuerzos por lograr un incremento de la participación de las mujeres en el sector de CTI, así como de su permanencia a través de acciones afirmativas; a la vez que generar un cambio institucional hacia la igualdad de género en las carreras universitarias y el desarrollo de habilidades científicas a través de una transformación estructural en las organizaciones de investigación .
Finalmente, no queda más que agradecer al Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT) que ha sido un gran espacio para la promoción y difusión del análisis relacionado con los temas de género. Las ideas contenidas en esta colaboración son un breve esbozo de amplias reflexiones sobre el tema que forman parte de la publicación titulada “La perspectiva de Género en el Sector de Ciencia, Tecnología e Innovación”, coordinada por el Foro.
Foto: Anayansin Inzunza.
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Lorena Archundia Navarro