Inicio > revista forum > Forum 43. Ana María Victoria, al frente de la Asociación de Mujeres Médicas “Dra. Matilde P. Montoya”

Ana María Victoria Jardón es médica cirujana por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde también estudió la maestría en investigación de servicios de salud y un doctorado en administración pública. Su formación académica incluye un posdoctorado en ciencias sociales, infancia y juventud por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y dos especialidades en políticas públicas y gestión de recursos humanos en la Escuela Nacional de Administración, en Francia.

 

La doctora Victoria, a quien le fue otorgada la Medalla Alfonso Caso de la UNAM en 2001 y candidata al Premio Heberto Castillo de la Ciudad de México en 2015, tiene una amplia experiencia en la administración pública en puestos directivos, como investigadora en la Secretaría de Salud, el Instituto Mexicano del Seguro Social y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, además de haber sido consultora para el Banco Mundial.

Las líneas de investigación para la doctora Victoria son: Evaluación tecnológica y políticas públicas en temas sociales y salud indígena. Actualmente colabora como médica en el Hospital Juárez de México e investigadora en el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, en temas de gestión de proyectos y análisis de políticas públicas.

A partir de febrero pasado, Ana María Victoria Jardón es la presidenta de la Asociación de Mujeres Médicas Dra. Matilde P. Montoya, asociación civil que lleva el nombre de la primera médica mexicana en titularse en 1887, ejemplo de superación y lucha constante, que abrió el camino a las mujeres en el campo de la medicina.

“El objetivo de la asociación fundada en 1926 es mejorar el nivel de capacitación del personal médico y posicionarlo en el campo gremial. Está integrada por una mesa directiva de cuatro médicas: Reyna Bárcenas (vicepresidenta), María Elena Chávez (secretaria general), Dolores Enciso (tesorera) y cinco vocales. Anualmente, se suman alrededor de 40 nuevas integrantes a nivel nacional.

“Sesionamos una vez al mes en forma gratuita con temas abiertos a toda la comunidad, y al finalizar el año se entrega una constancia con valor curricular. Se organizan cursos de actualización, un congreso anual y la elección de la Mujer Médica del Año, todo ello, orientado a mantener la actualización de una forma solidaria y fraterna”, explicó la presidenta de la asociación civil, la cual dirigirá hasta el 2021.

 

La equidad de género en la medicina

Progresivamente, las mujeres se han integrado al campo laboral y profesional. Las médicas abrieron el camino, ya que a principios del siglo XX no había muchas carreras profesionales. Después se sumaron las abogadas, químicas y biólogas, y posteriormente otras profesiones. Sin embargo, “la barrera es que socialmente se les sigue asignando —y ellas aceptando— el cuidado de los hijos y las labores domésticas en forma exclusiva, por lo que la incorporación y acción destacada de las mujeres, depende de su habilidad para sortear esas actividades domésticas y el trabajo, de la misma forma que son capaces de negociar el apoyo masculino en la familia”.

A pesar de que cada vez son más las mujeres involucradas en el gremio científico, todavía es minoritario: solo el 37 por ciento del total de los integrantes del Sistema Nacional de Investigadores son mujeres. “Es un fenómeno a nivel mundial, ya que solo el 3 por ciento de los ganadores del Premio Nobel ha sido otorgado a mujeres”.

Victoria Jardón —quien desde hace más de 25 años investiga sobre salud indígena— añadió que a pesar de que en las escuelas de medicina ya se inscriben más mujeres que hombres, quienes ocupan la mayoría de los puestos de mando son ellos, y aunque los sueldos en los tabuladores en el nivel público no distinguen entre género, las plazas más altas son ocupadas por hombres.

En entrevista para Forum, la doctora Ana María Victoria también habló sobre un problema de salud pública en nuestro país: los embarazos en adolescentes.

De acuerdo con las estadísticas, se refleja una elevación a nivel mundial, predominantemente en América Latina y África. De los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México ocupa el primer lugar en embarazos en adolescentes. Uno de cada tres bebés que nace en la República Mexicana son hijos de jóvenes entre 15 y 19 años, y aunque en más baja proporción, también hay embarazos en menores de 15 años.

“Automáticamente son pacientes de alto riesgo con más probabilidades de mortalidad materna, el costo se eleva debido a un mayor número de intervenciones, análisis, estudios y cuidados; se convierte en un problema social por las consecuencias para la familia y para la sociedad, al interrumpir su desarrollo académico, aumentar la deserción escolar y desaprovechar el potencial del bono demográfico, es decir, su capacidad laboral e intelectual”, explicó la especialista en el tema.

Detalló que la adolescencia es de cambios físicos y emocionales, etapa fundamental para el desarrollo de conductas saludables y también para adoptar conductas de riesgo como el sexo no protegido.

Enumeró que Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil, Chile y los países del Caribe también consideran el embarazo en la adolescencia un problema de salud pública. El 26 de septiembre de 2003 fue instaurado en Uruguay el Día de la Prevención del Embarazo No Planificado en Adolescentes.

“Los países con mayores cifras de embarazo en adolescentes son los africanos con 220 embarazos en adolescentes por cada mil. México tiene un dato de 79 embarazos en adolescentes por cada mil, cifra intermedia en América Latina, y como ya se señaló, la más alta entre los países de la OCDE”.

Los estados del norte del país como Coahuila, Nayarit y Sinaloa muestran los mayores porcentajes de embarazos en adolescentes, mientras que la Ciudad de México, Querétaro y Colima tienen las estadísticas más bajas.

“En ese dato no se diferencia entre embarazos deseados y embarazos no deseados. En mi especulación, algunos de los estados citados tienen factores como la migración de los varones desde adolescentes, y por otro lado, la pertenencia a pandillas, por lo que su esperanza de vida puede ser de hasta 19 años, lo que podría influir de alguna manera en la búsqueda de dejar descendencia.

“De acuerdo con investigaciones, los embarazos en adolescentes afectan a todos los niveles socioeconómicos, pero la información de la que dependemos es la de la población de bajo nivel socioeconómico que se atiende en las unidades públicas y es la más accesible, por lo que pudiera dar la idea de que solo afecta o afecta más a la población menos favorecida”, explicó la especialista.

 

¿Cuáles son los riesgos de un embarazo en la adolescencia?

En el campo físico, el embarazo en adolescentes incrementa el riesgo de mortalidad materna, ya que el cuerpo de las chicas aún no alcanza su maduración, lo que implica mayor probabilidad de sangrado, de ruptura uterina e hipertensión.

En el terreno social, tradicionalmente se ha presentado —desde los años 70 del siglo pasado— a la adolescente embarazada como una persona sin instrucción académica, sin información sobre educación sexual y procedente de familias desintegradas, sin embargo, los estudios en campo del 2013 al 2016 que se hicieron en nuestras investigaciones —en las que participaron Mauricio Jiménez, Luis Horán y Karla Munguía—, con las hijas de los miembros de la Caja de Previsión de la Policía Auxiliar de la Ciudad de México, de 100 jóvenes adolescentes embarazadas entre 15 y 19 años, se detectó que son jóvenes sin metas, con autoestima baja, con calificaciones escolares mediocres, proceden de familias integradas, con información sobre educación sexual y con estudios de bachillerato.

También se detectó el abandono por la pareja en el 90 por ciento de los casos, apoyo completo de los abuelos que se hacen cargo del bebé y abandono de los estudios en el 50 por ciento de las jóvenes.

 

¿Cuáles son las situaciones en las que termina un embarazo en esta etapa de la vida?

En la población que estudiamos, solo el 1 por ciento pensó en abortar al enterarse de que estaba embarazada pero no lo realizó; el 99 por ciento concluyó con el embarazo y la familia las apoyó.

La mayoría de las jóvenes entrevistadas en nuestras investigaciones señalaron que querían estudiar una carrera corta, por ejemplo, estilistas. Al menos el 50 por ciento de las chicas continuaron con sus estudios de bachillerato al momento del embarazo.

De las jóvenes entrevistadas que se embarazaron, ninguna utilizó un método anticonceptivo a pesar de conocer su efectividad. Al preguntarles por qué no los usaron, todas las respuestas fueron: “Creí que a mí no me iba a pasar”.

 

¿Cuál es el papel de la educación sexual?

Es trascendente, pero no solo la educación escolar sino también la familiar desde la infancia. Parte de la investigación realizada incluyó la entrevista a niños preadolescentes de quinto y sexto año de primaria y se encontró que los padres de familia dan más información a los varones.

Las niñas obtienen información de internet y de los libros escolares.

Los preadolescentes están continuamente expuestos a telenovelas y películas en que hay escenas de sexo explícito, sin que se vea por ningún lado un mensaje preventivo.

Es necesario educar y orientar correctamente a los niños, las niñas y los adolescentes por igual en la familia y en la escuela.

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Anayansin Inzunza
Fotos: Anayansin Inzunza.