Para evitar el retroceso y no desaprovechar la inversión que se ha hecho en la formación y la consolidación de la comunidad científica nacional, se requiere transitar hacia la articulación de una política científica con metas claras a corto, mediano y largo plazo, dijo María Elena Álvarez-Buylla Roces, designada futura directora general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT). Una política científica, abundó la investigadora, que permita la inserción efectiva de los científicos mexicanos en instituciones nacionales con proyectos de investigación que atiendan las demandas urgentes de la ciudadanía.
Durante su participación en el foro CONACyT: retos y perspectivas, que se llevó a cabo el 16 de octubre en el Palacio Legislativo de San Lázaro, Álvarez-Buylla reconoció que, durante su existencia, el CONACyT ha contribuido significativamente al crecimiento de la infraestructura de investigación científica en todo el país, a la formación de centros públicos de investigación y a la creación de laboratorios nacionales.
Es así como, “desde el grupo de transición del próximo gobierno, consideramos que se debe dar un nuevo impulso y orientación al CONACyT, lo que requiere de inversión encaminada a la formación de personal de alta preparación y a un incremento de la infraestructura. Esta reorganización debe ir acompañada de presupuesto y de una visión a corto, mediano y largo plazo”, dijo Álvarez-Buylla en un comunicado emitido por la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).
Al referirse al presupuesto para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (CTI) en México, apuntó que a pesar de las modificaciones a la ley que obligan al gobierno federal a invertir el 1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en ciencia y tecnología, esto no ha sido posible: “En 2016 dicha inversión se redujo 25 por ciento y en el presente alcanza 0.5 por ciento del PIB, así que debemos impulsar el compromiso de las entidades productivas privadas de este país para invertir en el desarrollo científico y tecnológico”.
Ante algunos de los diputados de la nueva legislatura, así como investigadores de diferentes universidades, centros de investigación y representantes de organismos del sector de CTI, María Elena Álvarez-Buylla, integrante de la AMC, enumeró y describió de manera general los cuatro ejes rectores del nuevo programa del CONACyT, que como informó antes, cambiará al de Consejo Nacional de las Humanidades, las Ciencias y las Tecnologías.
El primer eje trata de la reestructuración del organismo, el cual priorizará la descentralización del conocimiento científico y tecnológico, “esto va a implicar tener dos polos, uno en La Paz, Baja California Sur, y otro que tendrá que permanecer en la Ciudad de México”, dijo la próxima titular del CONACyT. Añadió que además se “desarrollarán diez programas nacionales estratégicos que darán solvencia científica y tecnológica y apuntalarán proyectos prioritarios para el país”.
Para el segundo eje se plantea “un manejo presupuestal transparente, eficiente y austero, priorizando el fortalecimiento de la ciencia de frontera y la formación de nuevos científicos en diversas áreas, lo anterior articulado con los diez programas nacionales que se establecerán”.
La planeación del desarrollo científico nacional a largo plazo, orientando la ciencia nacional al combate de rezagos sociales, es el centro del tercer eje, con lo que se busca asegurar, de acuerdo con la investigadora del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, que los mexicanos por derecho constitucional tengan acceso a los beneficios de la ciencia y la tecnología, por ejemplo, apuntó, a “la prevención de desastres y a una respuesta eficaz ante ellos, a la promoción de enfoques sistémicos y preventivos de salud, a la producción de alimentos sanos, al cuidado del agua y a la promoción de investigación social para evitar la violencia”.
Mientras que el cuarto eje del nuevo programa que Álvarez-Buylla ha diseñado para el CONACyT incluye la redefinición de los criterios de evaluación del quehacer científico nacional fortaleciendo los aspectos cualitativos por encima de los cuantitativos, y la puesta en marcha de mecanismos de tolerancia cero a la simulación en el manejo de recursos públicos.
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(Con información de la Academia Mexicana de Ciencias)
Foto: Cortesía Nadia Valencia.