Inicio > revista forum > Forum 54. México a 66 años de la conquista democrática más importante para las mujeres

Las mujeres somos “soñadoras de lo infinito”, así lo dijo Florinda Lazos León, presidenta del Comité Directivo del Primer Congreso Nacional de Mujeres Obreras y Campesinas en 1939. Por ello estoy segura de que hace 66 años las sufragistas en México soñaron lo que hoy tenemos: un Congreso paritario, una reforma constitucional en materia de paridad de género que asegura que las mujeres participemos en pie de igualdad con los hombres en todos los espacios políticos de toma de decisiones.

 

Hace un año, en la conmemoración del aniversario del voto femenino en México, planteé precisamente que uno de los grandes trabajos pendientes de esta Legislatura era el logro de la paridad en todas las instancias y poderes públicos. Hoy podemos decir con orgullo, que hemos dado este gran paso con la publicación el 6 de junio del Decreto Constitucional que reforma los artículos 2, 4, 35, 41, 52, 53, 56, 94 y 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de paridad entre géneros; y que nos encontramos en estos momentos realizando las propuestas de reforma a las leyes secundarias para que la paridad sea una realidad en el país.

Desde luego que aún nos quedan pendientes: Todavía no hemos tenido una mujer presidenta y solo 7 mujeres han ocupado el cargo de gobernadoras. En los últimos 70 años, solo 21 mujeres han ocupado el cargo de secretarias de Estado, y solo mil 523 mujeres han sido presidentas municipales.

Pero estos logros han sido resultado de muchas mujeres que han dado todo, incluso la vida, por conquistar nuestros derechos. Basta recodar, en 1918, Hermila Galindo lanzó su candidatura para diputada por el V distrito electoral de la Ciudad de México.

Un par de años antes, a fines de 1916, Hermila Galindo envió al Constituyente un escrito en el que solicitó los derechos políticos para las mujeres argumentando lo siguiente: "Es de estricta justicia que la mujer tenga el voto en las elecciones de las autoridades, porque si ella tiene obligaciones con el grupo social, razonable es, que no carezca de derechos. Las leyes se aplican por igual a hombres y mujeres: la mujer paga contribuciones, la mujer, especialmente la independiente, ayuda a los gastos de la comunidad, obedece las disposiciones gubernativas y, por si acaso delinque, sufre las mismas penas que el hombre culpado. Así pues, para las obligaciones, la ley la considera igual que al hombre, solamente al tratarse de prerrogativas, la desconoce y no le concede ninguna de las que goza el varón".

Poco después, en la década de los Veinte, las mujeres de Yucatán, Chiapas y San Luis Potosí consiguieron el derecho al voto.

También en esta década, Elvia Carrillo Puerto resultó la primera mexicana electa diputada al Congreso Local por el V Distrito, el 18 de noviembre de 1923. Sin embargo, después de desempeñar su cargo por 2 años renunció, debido a las amenazas de muerte que recibió.

En fin, siempre es bueno recordar desde dónde venimos y hacia dónde vamos. La "plena ciudadanía" de las mujeres se define hoy como el desarrollo de la capacidad de autodeterminación, de expresión y de representación de intereses y demandas, es decir, el pleno ejercicio de los derechos políticos individuales y colectivos.

Las mujeres queremos, podemos y debemos estar presentes en todos los espacios de la vida pública. Es nuestro derecho y debemos ejercerlo. Como dice la señora Michelle Bachelet, “nuestras democracias requieren de mejoras permanentes que las doten cada día de mayor legitimidad frente a la ciudadanía.” Y en ello, las mujeres tenemos mucho que aportar.

Las mexicanas y millones de mujeres en el mundo caminamos ya hacia Beijing + 25. Será un acontecimiento histórico y México será sede del mismo en mayo del próximo año. Y, fíjense, en Beijing se fijó la masa crítica básica de 30 por ciento de representación parlamentaria de las mujeres como el mecanismo adecuado para que las preocupaciones, los intereses y las necesidades de las mujeres pudieran ser efectivamente considerados.

Por ello, hoy que contamos con una representación paritaria parlamentaria, podemos mirar a nuestras ancestras y decirle a Lorena Wright, a Hermila Galindo, a las congresistas feminista de Yucatán, a Elvia Carrillo Puerto, y a tantas y tantas mujeres mexicanas que no han cejado en su exigencia de la plena participación política de las mujeres, que nosotras, las insistencialistas, seguimos exigiendo, seguimos trabajando para que la igualdad sea una realidad de las mujeres en México; para que el derecho a una vida libre de violencia en todos los espacios de nuestras vidas sea un hecho cotidiano, y no la excepción.

Seguimos trabajando por la democracia paritaria porque una democracia en la que la mitad de la población no posee el estatus de ciudadanía, carece de legitimidad. Trabajamos por un país de iguales, un país justo, un país en paz. Porque estamos ciertas, como lo estuvieron ellas, que sin las mujeres no hay democracia; sin las mujeres, no hay justicia; sin las mujeres, este país no logrará la paz.
 
*Malú Mícher, presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género del Senado de la República.

 

Foto: Cortesía Malú Mícher.
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Malú Mícher