Boletín No. 369 / Ciudad de México, 15  de noviembre de 2018.

Considerar el consenso científico y no solo su opinión al momento de asesorar a los tomadores de decisiones, recomienda Elisa Núñez al inicio de un taller sobre ambos aspectos. 

Escuchar a la ciencia es fundamental para la toma de decisiones, sin embargo, muchas veces ésta se pierde en el trayecto y no llega a las personas adecuadas. ¿Cómo romper las brechas entre la ciencia y la política y entre los científicos y los tomadores de decisiones?

El día de hoy se llevó a cabo en las instalaciones del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT) el taller Incidencia de la Ciencia en la Política, organizado por la Oficina de Información Científica y Tecnológica para el Congreso de la Unión (INCyTU).

El ejercicio académico surgió como resultado de la experiencia de los doctores Elisa Núñez y Orlando Santillán, investigadores de INCyTU, durante el curso "Science Policy Summer Institute" en la Universidad de Duke, en Estados Unidos.

“Una persona que se dedica a la diplomacia científica, no solamente tiene que conocer al menos un área de la ciencia, también tiene que saber cómo funciona la estructura política de nuestro país; cómo se toman las decisiones; cómo se hacen las leyes, y requiere de un conocimiento mucho más amplio de toda una serie de temas que uno no aprende en la escuela”, dijo el coordinador del FCCyT, el doctor José Franco.

De acuerdo con Franco, en la medida en que los expertos no se comuniquen con los tomadores de decisiones, habrá mucho conocimiento que no se utilice para resolver los problemas del país, y quien saldrá perdiendo será el país.

Al respecto, el doctor Miguel Rentería, ex coordinador de INCyTU, explicó que aunque el proceso de políticas públicas para la ciencia es igual que para cualquier otro tema público, la ciencia no está en las prioridades de la agenda tan frecuentemente.

“La ciencia puede proveer evidencia para informar tanto la legislación como la implementación de programas de política pública (aunque) es preciso recordar que los científicos no necesariamente son imparciales; de hecho, en muchos temas se puede seleccionar evidencia para apoyar posiciones tanto a favor como en contra”, comentó Rentería.

 

La labor de los científicos

Los científicos no siempre son imparciales y, en ocasiones, se enfrentan ante el reto de asesorar en tiempos restringidos, así que, ¿qué pueden hacer para asegurar que la ciencia realmente sea tomada en cuenta en la toma de decisiones nacionales?, ¿cuál es su verdadero papel?

La doctora Núñez subrayó que “es más probable que se tomen buenas decisiones cuando se entienden los distintos roles que los expertos pueden tener al dar consejos científicos”, y continuó explicando que son 4 los roles que un científico podría tomar:

1)   El científico puro: no interactúa con los legisladores y solo brinda información por medio de publicaciones.

2)   El científico como árbitro de lo científico: el experto responde a preguntas específicas de los legisladores

3)   El científico que aboga: trata de acotar el campo de acción del legislador y presenta los datos con un propósito específico

4)   El científico que actúa como un agente honesto: el experto amplia las opciones así como las posibles consecuencias que tiene el legislador para elegir.

“Se recomienda que los científicos estén conscientes del impacto de su participación y su responsabilidad relacionada con la autoridad como expertos, y al momento de dar información basada en evidencia científica consideren el consenso científico y no solo su opinión”, indicó Núñez.

Por su parte, el doctor Santillán concluyó que “es muy importante que los científicos se acerquen mucho más a los tomadores de decisiones y estén dispuestos a brindar el conocimiento, la información y el sustento para que la legislación o la regulación que se ejerce sobre la ciencia sea la más adecuada para el desarrollo del país”. Además, recomendó que al momento de asesorar a un legislador, los científicos sean capaces de resumir los problemas y sus soluciones en oraciones concretas y sencillas.

 

Pie de foto: “Una persona que se dedica a diplomacia científica no solamente tiene que  conocer al menos un área de la ciencia, también tiene que saber cómo funciona la estructura política de nuestro país”, José Franco. Imagenes: Myriam Vidal Valero.

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